¿De dónde nacen nuestros hábitos?

  • ¿Nunca os habéis preguntado por qué hay cosas que hacemos una y otra vez?

    La respuesta es sencilla, nuestro cuerpo nos lo pide. No lo hace de forma consciente, claro, eso sería fácil de controlar, lo hace a través de nuestro sistema límbico y nuestro sistema nervioso. Nuestro cuerpo controla y regula lo que nos gusta, por eso hay personas que tienen conductas que consideramos nocivas o peligrosas, y por eso a casi todas las personas les gusta lo mismo, pongamos algunos ejemplos:

    -Besos: A la inmensa mayoría de las personas nos gusta experimentar la sensación de recibir o dar un beso. las razones podemos encotrarlas en que los besos nos ayudan a mejorar la autoestima, o en que son placenteros, pero la verdad es que nuestro cuerpo libera sustancias beneficiosas, como endorfinas o antihistamínicos naturales. ¿El resultado? Besarnos hace que nuestro cuerpo se sienta feliz, y no solo eso, también nos ayuda a mantener la salud. No dejéis de besar nunca.

    -Dolor: No estamos hablando de autolesionarse, sino que hablamos de cosas más cotidianas, como mordiscos en los labios, pellizquitos o algún cachete. Nuestro cuerpo está entrenado para prestar más atención a aquello que nos produce dolor, quiere reconocerlo y evitarlo, para eso sirve el dolor a nivel evolutivo, para alejarnos de aquello que es potencialemente peligroso para nosotros. Por no hablar de que los receptores de dolor y placer del cerebro están muy cerca, demasiado en algunos casos, por eso hay personas que experimentan placer a través del dolor.

    -Ejercicio: Las personas que hacen mucho no pueden dejar de hacerlo, en cambio, cuanto menos te mueves más difícil es empezar a hacerlo. El deporte engancha, literalmente, nuestro cerebro genera endorfinas y dopamina cuando hacemos deporte para poder superar el cansancio y nuestro cuerpo se acostumbra a eso, lo quiere más, no deja de desearlo, por eso es cada vez más fácil hacer deporte, de modo que lo difícil es empezar, pasados unos meses no podremos dejar de hacerlo.

    Nuestro cuerpo es sabio, sabe lo que quiere y no para de pedirlo, de modo que no os asustéis si cambiáis de hábitos o de repente os gusta algo distinto a lo que siempre os había gustado.

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